Interminables vías de ferrocarril se extienden a lo largo y a lo ancho de la tierra. Suben, bajan, atraviesan ciudades, campos, cruzan ríos, desiertos... Todo tipo de lugar es susceptible de recibir la fugaz visita de un tren.
Pero una cualidad propia del tren es tal vez su peor defecto: los rieles.
Sólo puede avanzar, o detenerse. A veces retroceder. Puede atravesar mil lugares. Pero su camino ya está definido. Su origen y su destino fueron fijados por alguien más. Y no puede apartarse de ese camino sin causar destrozos a todo cuanto lleva dentro de sí.
Dos rieles parecen marcar a diario mi camino.
Y sueño con trenes.

(*) Fuente de la imagen (y sin intenciones de propaganda):
Blog de José Luis Gioja
Blog de José Luis Gioja
